Una salida de emergencia para este presente
empeñado en estirarse eternamente.
Lejos de casa, lejos del miedo,
brisa en la cara de rechazo y desdén,
asquerosamente dulce.
¿Te acordarás de cómo era,
de cómo era yo,
cuando algo me podía sorprender?
Enroscada en el badén de tus costillas
una crisálida expectante de sol.
Rocé tu nuca con mis dedos
(quedaste sin habla
y quedé sin aire).
Tu cabeza perseguía mis caricias
como un gato de la calle
que nunca se dejó acariciar;
cada vez, cada vez,
cada vez menos.
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