viernes, 22 de septiembre de 2017

Diane

Diane, son las 11.30am
del 24 de febrero.
Nunca vi tantos árboles en mi vida.
Es gracioso que si se cae uno solo sobre mi auto moriré.
Es gracioso porque todo lo imponente y potencialmente letal
se multiplica cuando no estás.
Me llamaron porque mataron a una nena.
Apareció en la playa,
envuelta en plástico y ajustada con cinta scotch
como un enorme arrollado de matambre.
Otra está desaparecida así que
en estos días nos la devolverán
hecha un cacho de carne más.
Matambre, pollo deshuesado, jamón crudo, qué se yo.
Pobre piba.
No sabés el hambre que tengo.
Quiero comerte la boca y que después la uses
para comer sánguches de matambre
y para mandarme a cagar.
En vez de agente me voy a hacer meteorólogo.
Si voy a equivocarme un 60% del tiempo,
por lo menos quiero que me paguen por hacerlo.
La piba apareció toda harapienta y aturdida
bajando la montaña
y ahora me siento una mierda de persona.
Diane, olvidate del matambre.
Acá tienen una tarta de cereza
que hace parecer a tu boca amarga en comparación.
Te voy a tener que llevar una y quizá
te endulce un poco,
y perdón si no paro de hablar de tu boca
pero quizá la cereza o el paisaje
quizá la chica matambre o la chica postraumática
distraigan a tu boca de su pequeño circo:
aspirar del cigarrillo, soplar el humo
(medio hacia arriba y medio hacia el costado)
y decir "Andate a la mierda, Cooper".

No hay comentarios.:

Publicar un comentario