[Cuento ganador del concurso de relatos para estudiantes secundarios, IV Fiesta de la Palabra, S.C. Bariloche, Argentina, octubre 2016. Publicado por la Editorial Municipal Bariloche]
miércoles, 26 de octubre de 2016
El Antólogo
martes, 18 de octubre de 2016
Amen
Vení, llevate todo.
Matame a media familia,
incendiá mi casa,
dale cáncer a mi gato,
hace que todas las carreras
tengan matemática,
que la manzana esté arenosa,
o que me pique la espalda
donde no llego a rascar.
Lo que tengas que hacer
para sacarme del letargo,
hacelo.
Porque no hay magia en el beso
de amor verdadero siquiera.
Nadie más,
nadie más real que vos
me prometió salvarme
la vida y después también.
Así que si podés oírme,
si estás ahí,
cagame a piñas
pero haceme revivir.
Matame a media familia,
incendiá mi casa,
dale cáncer a mi gato,
hace que todas las carreras
tengan matemática,
que la manzana esté arenosa,
o que me pique la espalda
donde no llego a rascar.
Lo que tengas que hacer
para sacarme del letargo,
hacelo.
Porque no hay magia en el beso
de amor verdadero siquiera.
Nadie más,
nadie más real que vos
me prometió salvarme
la vida y después también.
Así que si podés oírme,
si estás ahí,
cagame a piñas
pero haceme revivir.
Rosa
La primera vez que te dijeron que ya estabas grande para tenerle miedo a la oscuridad te diste cuenta que no entendían de qué hablabas.
Te callaste de una vez, le diste un respiro a la familia que empezó a comentar lo madura que estabas.
Al año te enseñaron en biología esa dudosa teoría de que los hombres ven menos colores que las mujeres y vos te acordaste de cuando le pediste a tu papá una bicicleta rosa y te regaló un moretón violáceo.
Por un segundo tuvo sentido pero después era tu mamá la que debería haber distinguido más de una oscuridad
(no es igual el verde oscuro al rojo oscuro ni al invierno oscuro ni al deseo oscuro ni al amarillo oscuro)
pero mamá se había comprado anteojos de hombre porque ver tantos colores le había revuelto la panza.
Vos solo te diste cuenta de esto cuando encontraste el estuche de los anteojos en su cajón entre pastilleros y condones y le preguntaste llorando por qué no te contó que había vida después del orgasmo.
Te miró con cara de manos en la masa como cuando encontraste tus propias cartas a Papá Noel en la alacena,
y desentendida te gritó que estabas invadiendo su espacio.
Claro que tenía su espacio, ella estaba en el espacio siempre que vos llegabas a casa con el cerebro vibrando caliente y los ojos inyectados.
Eso estaba bueno igual, pensabas,
había encontrado un espacio ahí afuera donde nadie más llegaba
y nada la tocaba
y esperabas encontrar uno así para quedarte a vivir
cuando la baranda del puente te soltara el vestido.
Te callaste de una vez, le diste un respiro a la familia que empezó a comentar lo madura que estabas.
Al año te enseñaron en biología esa dudosa teoría de que los hombres ven menos colores que las mujeres y vos te acordaste de cuando le pediste a tu papá una bicicleta rosa y te regaló un moretón violáceo.
Por un segundo tuvo sentido pero después era tu mamá la que debería haber distinguido más de una oscuridad
(no es igual el verde oscuro al rojo oscuro ni al invierno oscuro ni al deseo oscuro ni al amarillo oscuro)
pero mamá se había comprado anteojos de hombre porque ver tantos colores le había revuelto la panza.
Vos solo te diste cuenta de esto cuando encontraste el estuche de los anteojos en su cajón entre pastilleros y condones y le preguntaste llorando por qué no te contó que había vida después del orgasmo.
Te miró con cara de manos en la masa como cuando encontraste tus propias cartas a Papá Noel en la alacena,
y desentendida te gritó que estabas invadiendo su espacio.
Claro que tenía su espacio, ella estaba en el espacio siempre que vos llegabas a casa con el cerebro vibrando caliente y los ojos inyectados.
Eso estaba bueno igual, pensabas,
había encontrado un espacio ahí afuera donde nadie más llegaba
y nada la tocaba
y esperabas encontrar uno así para quedarte a vivir
cuando la baranda del puente te soltara el vestido.
martes, 11 de octubre de 2016
tormenta
Ya sé que no existís
y aún así yo
te escribo y te escribo,
te pienso, te imagino
te quiero
hacer corpórea
dentro de tu propio cuerpo.
Te quiero
hacer gritar y todo
lo que me pidas.
Ya sé que no sos
reina de nada
ni ángel de nadie
y aún así yo
te espero como un suicida
espera una tormenta tropical
para sentir el caos del mundo,
el agua, el viento y el miedo
golpearle la existencia
y vivir para contarlo.
Quiero vivir para contarles
a mis hijas que existen
todos esos cuentos mágicos
y personas como vos.
y aún así yo
te escribo y te escribo,
te pienso, te imagino
te quiero
hacer corpórea
dentro de tu propio cuerpo.
Te quiero
hacer gritar y todo
lo que me pidas.
Ya sé que no sos
reina de nada
ni ángel de nadie
y aún así yo
te espero como un suicida
espera una tormenta tropical
para sentir el caos del mundo,
el agua, el viento y el miedo
golpearle la existencia
y vivir para contarlo.
Quiero vivir para contarles
a mis hijas que existen
todos esos cuentos mágicos
y personas como vos.
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