(once)
Mi amor que nunca amé, no quiero escribir más.
(diez)
A esta altura, escribir es hacer realidad sentimientos abstractos y destructivos que podría (y en ocasiones debería) no tocar, no conocer.
(nueve)
Hoy me quiero ocultar y no voy a tocar otra lapicera y vos no vas a tocar otra piel cálida, y te veo en la esquina donde salté a tus brazos como despedida si querés.
(ocho)
Te veo este verano en la ciudad que es un misterio para vos y para mí, como lo es la cadena que nos une (nuestra caja de recuerdos invisible tiene forma de la plata, pero es un descaro que te hayas adjudicado las calles de mis veranos de la infancia con el recuerdo de mi mano en la tuya).
(siete)
Quiero que me lleves donde sea que puedas pedir perdón por desearme lo peor si no era con vos, porque tras irme y volver mil veces te seguí eligiendo. ¿Había razones para temer? Sí, pero esperaba que de todas formas confiaras en el tiempo y en mí.
(seis)
No me importa no poder ser más que tu amiga, no me importa que te odie y no me entiendas, ya no me importa nada más que la sombra que me acecha más rápido cuando no estás cerca.
(cinco)
Sos humano.
(cuatro)
Aunque me digas que soy un ángel, yo veo en el espejo un demonio de linaje puro.
(tres)
Puedo ignorar los hechos, puedo pintarle encima a los hechos, puedo actuar para ocultarte los hechos, pero no puedo cambiar nada.
(dos)
Yo solía pensar que los seres incorpóreos como ella (y ella también, y la otra también, y yo también), eran tu vicio y hogar, pero aunque no me vieras estaba ahí cuando cambiaste tu pelo y te internaste en un gimnasio y supe que no habías podido combatir tu innegable humanidad, y ahora perseguías humanas muy humanas, felices y bellas a través de las multitudes que miran dos veces cuando pasás porque ya te vieron pasar antes.
(uno)
Esperame ahí, y dejame mezclar tu humanidad con toda esta pena, dale, caminemos donde la noche no congela hasta ser los dos cuerpos poseídos por un solo espíritu que siempre quisimos ser.