miércoles, 14 de septiembre de 2016

Gula

-Dame galletitas
-¿Qué galletitas?
-No sé, imbécil. Galletitas. Dulces.
-Paja.
-Si no como un paquete entero de galletitas en los próximos cinco minutos...
-¿Te vas a morir?
-Me voy a morir.
-Maquillate un poco primero.
-Paja.
-Pajera.
-Vos pajera.
-Y, sí. Dame galletitas.
-¿Qué galletitas?
-No sé, imbécil. Dulces.
-Paja.
-Si no como un paquete entero de galletitas en los próximos cinco minutos...
-¿Te vas a morir?
-Me voy a morir.
-Pero no tenés plata.
-La gente pobre también se muere.
-No te mueras si no me vas a dejar nada.
-Garca.
-Vos garca.
-Cáncer.
-Con eso no se jode.
-Quin isi ni si jidi. No me digas.
-No te digo. ¿Había que estudiar algo?
-Viniste a estudiar.
-Nos vemos en diciembre.
-Las galletitas.
Se levantó de la silla y despegó la mejilla de la mesa de algarrobo con un ruido de ventosa. Luego caminó mientras hacía crujir sus articulaciones hacia el pasillo contiguo. La situación no era tan graciosa como para reírse, pero sí era tan poco aburrida como para tuitearla.
Todo el mundo sabe que no se tuitea sobre alguien más en su presencia. Es de mala educación, como decir "ya era hora" en lugar de "mis condolencias" al entrar a un funeral. Tuitear es de mala educación casi la mitad de las veces que se tuitea.
En la alacena había siete paquetes cerrados de galletitas dulces pero hay peores pecados en el mundo que la gula egoísta. Agarró una rodaja de pan de salvado que había tostado y no había comido en el desayuno. No le gustaba el pan de salvado, pero se había comido tres panqueques con dulce de leche la semana anterior y el pan de salvado era parte de un plan de dieta semi-irónico que había proyectado aquel día. Espolvoreó demasiado azúcar encima de la tostada gomosa con la mano que no sostenía el iPhone y oyó en su mente las risas grabadas que pondría en esa escena cuando hicieran una sitcom de su vida.

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