viernes, 12 de agosto de 2016

sos lo que comés

un mediodía comí carne,
un mediodía me volví carne
y carnada.
oí colmillos candentes cazando
algo menos ajado
que aquello —aquesto— estropeado
con moscas y ratas
disfrazadas de buena fortuna.

esa tarde comí analgésico,
esa tarde me volví analgésico
pero no antifebril.
nadaban en su vapor cuerpos
desanimados —sin ánima—
como tinta ahogando al calamar.
en el sonrojo convoqué sobredosis,
pero en el sobretodo él lleva
una caja de alivios descartables.

caída la noche comí una flor,
caída la noche quise ser flor.
abriendo soldaduras entre
brazo y brazo y costillas.
no son pétalos —majestad—
es carne y analgésico aún.
no es flor todo lo que se enraiza,
ni raíz todo lo que se entierra.

en la madrugada magullada no comí nada,
en la madrugada magullada quise ser nada.
bailaba la brisa y aún era peso vivo,
abrasivo, hallando certezas;
si soy nada —nada—
nunca más seré lo que coma.

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